Axel Arteaga

Informático, escritor independiente y creador de contenido

Contra los profetas (01): Sediento de sangre

Against the Prophets 01 Bloodthirsty | Axel Arteaga
La historia de un mercenario y su guerra en contra de toda una religión

Mi nombre es Inquisitore. Soy un mercenario y mi objetivo es matar a los responsables del asesinato de mi esposa Jia.

Me encuentro en el bosque Kata a mitad de la noche, calentando mi cuerpo en una fogata que acabo de encender mientras escribo este relato en mi tomo bitácora, en este lugar solo es posible escuchar el chisporroteo de la madera quemándose. Es la primera vez que escribo un relato de mi vida pero mi esposa solía hacerlo todos los días, recientemente acabo de asesinar a otros mercenarios, sus cadáveres ahora son alimento para carroñeros, donde los testigos fueron los espíritus celestes. Sin embargo muy pocos de mi especie saben que esas cosas en el cielo que se aprecian en la noche son en realidad enormes esferas de gas que se queman a millones y millones de codos de distancia, el resto prefiere otorgarle dotes divinos y continuar ahogándose en su estupidez. Recuerdo que incluso mi esposa bautizó a esas esferas de gas como “Estrellas”, jamás conocí la razón.

Me siento un poco extraño describiendo una emboscada ya que no suelo contar con detalles los asesinatos que he cometido. Esos mercenarios sufrían de la tentación de cobrar la recompensa de varios sacos llenos de joyas a cambio de mi cabeza, pero los maté sin piedad con mi espada.

Ellos surgieron de sus escondites mientras yo caminaba en el bosque, me rodearon rápidamente y uno de ellos me dijo:

—El legendario Inquisitore, ¿qué haces paseando en estos bosques en plena noche?

No le respondí, sostuve mi gran espada la cual llevo siempre en mi espalda sin ninguna clase de funda protectora y me preparé para el inminente ataque.

—¿No tienes nada que decir? —Dijo uno de ellos pero tampoco le respondí.

—Debido a tu falta de fe, han ofrecido una recompensa de diez sacos de joyas a quien entregue tu cabeza.

¡Cobardes! envían a otros en vez de ellos pelear sus batallas. Cuando uno de ellos ordenó atacarme, casi todos ellos al mismo tiempo intentaron atravesar mi cuerpo con sus armas, una estrategia estúpida porque el título que me han otorgado “Legendario Inquisitore” es por mi extremo nivel de agilidad. Logré esquivar los ataques con mi espada y luego degollé a tres de ellos de un solo movimiento, después le corté el brazo con el que sostenía su arma al cuarto integrante del grupo, así pude librarme de ese encierro.

Uno de ellos intentó atacarme solo pero lo decapité. Dos de ellos, consumidos por la furia intentaron atacarme juntos, a uno de ellos le corté la pierna, al otro lo partí por la mitad segundos después.

Solo quedaban dos atacantes en pie pero su cobardía era evidente, intentaron huir pero los alcancé rápidamente, a uno le corté la pierna y poco antes de caer al suelo lo decapité, al otro le atravesé la espalda con mi espada.

Algo que en verdad no tolero es a un cobarde. Regresé donde estaban los otros cadáveres y aún quedaban dos de ellos con vida, tratándose de esos dos que solamente corté una de sus extremidades para dejarlos fuera de combate. Pero su sufrimiento era muy evidente, procedí a decapitarlos.

Por suerte poco después encontré su campamento el cual permanecía oculto a simple vista de cualquier caminante de la ruta principal del bosque, tenían algunas provisiones que tomé ya que por su estupidez ahora no la necesitarán donde sea que se encuentren sus almas en este momento. Encima de las llamas de la fogata está cocinándose un roedor que los mercenarios habían cazado seguramente poco antes del atardecer, esta vez no dormiré con hambre.

Recuerdo que mi esposa solía abrir los cuerpos de aquellos selef que asesinaba con el motivo de descubrir el funcionamiento de nuestros cuerpos. Según ella el alimento es procesado por un “saco parcialmente lleno de ácido”, la verdad no recuerdo el término exacto con el que bautizó a esa cosa. Lo único que sé es que el sonido que genera me ha atormentado durante los últimos días e incluso lo hace ahora mismo pero pronto será calmado temporalmente.

Aunque no todo en sus provisiones eran algo de mi agrado, habían dos piernas selef, se podía apreciar que fueron arrancadas, no cortadas, al igual que la mayoría de mi especie, los mercenarios que asesiné practicaban el canibalismo, me alegro de haber asesinado a esas bestias. Pero todo es culpa de los Vaticinator, aunque ya existían tribus que practicaban el canibalismo y el sacrificio a dioses inexistentes, desde que esta tribu de sacerdotes comenzó hace generaciones atrás a promover el culto a los nuevos falsos dioses, mi especie se ha vuelto mucho más salvaje.

Yo solamente asesino por joyas pero mi esposa sentía una enorme atracción por el conocimiento, le gustaba estudiar todo a su alrededor, los demás solían llamarla bruja pero yo prefería decirle “amante de la sabiduría” desde que la conocí, debido a esa reputación, un día sus padres fueron asesinados por la acusación de haber engendrado a una bruja, yo la salvé del mismo destino y desde entonces habíamos permanecido juntos hasta “ese” día.

Ambos éramos fugitivos, con el tiempo nos refugiamos en una aldea de recolectores de criaturas nadadoras que aún no había sido corrompida por la religión Vaticinator, de hecho muchos habitantes de ese lugar también compartían esa fascinación por la sabiduría y con el tiempo dejé de saciar mi sed de sangre para alimentar mi sed de conocimiento la cual aumentaba a medida que permanecía al lado de Jia.

Su sueño era que toda la especie entera dejara de alabar a dioses inexistentes, erradicar el salvajismo y forjar una sola tribu donde el interés mutuo sea buscar el conocimiento y utilizarlo por el bien de toda la raza Selef.

Debido a mi naturaleza prefería más la cacería que la recolección de criaturas nadadoras, así que un día me alejé de la tribu para intentar cazar algún roedor como alimento y cuando regresé con un enorme ejemplar varios días después, la aldea entera había sido arrasada. Busqué a mi esposa entre los escombros de nuestro refugio y la encontré cubierta en su propia sangre, alguien le había degollado al igual que al resto de los habitantes del pueblo.

Grité de dolor hasta quedar sin aliento, permanecí al lado de su cadáver durante unos momentos, en las cercanías había una cueva, donde llevé su cadáver cubierto en varias capas de telas y luego sellé permanentemente la entrada con un polvo volátil, su inventor que también vivía en la aldea solía decirle constantemente tanto a mi esposa como a mi que esa cosa era el futuro de la recolección de minerales.

Luego de abandonar los restos de la aldea, busqué a los responsables de la muerte de Jia, había descubierto que se trataba de una campaña de conquista por parte de los Carnifices influenciada por los sacerdotes Vaticinator de esa tribu, Así que me infiltré en su enorme aldea y logré asesinar a ese sacerdote. Desde entonces permanezco en movimiento ya que los sacerdotes de todas las tribus selef existentes han ordenado mi muerte. Comeré y descansaré todo lo que pueda durante esta noche porque mi trabajo no ha terminado, aquél sacerdote que asesiné solo seguía órdenes, los verdaderos culpables de la muerte de Jia aún sigue con vida. Así habló Inquisitore, mercenario prófugo de la tribu Carnifices.

Acerca del autor: Axel Arteaga 30 Artículos
Mi nombre es Axel Arteaga. Soy informático, editor de artículos, diseñador de páginas web y un apasionado de la tecnología. Como pasatiempo, soy escritor de ciencia ficción, dibujante, creador de contenido, fanático de los videojuegos y la música rock. Creador de un multiverso ficticio que funciona como escenario donde se desarrollan todas y cada una de mis historias.